lunes, junio 13, 2016

Consejos para tener una buena guardia

Por fin el artículo que todo médico, especialmente residente, estaba esperando. Muy similar al eslogan de "cómo aprender inglés con 1000 palabras" o "abdominales de órdago sin esfuerzo".
Echando unas cuentas rápidas llego a la conclusión de que llevo sobre mis espaldas más de 800 guardias. Casi dos años y medio durmiendo fuera de casa. Y salvo cuatro dulces años en las que las hice con residente (lo cual tiene, en general, implicaciones favorables sobre la posibilidad de dormir durante la  guardia) el resto han sido de currito total.
Y es curioso, porque mantengo una fama sorprendente de tener buenas guardias. Como os podéis imaginar, cuando has hecho más de 800 guardias ha habido de todo. Pero todavía, mi co-R me recuerda como un suertudo. Ya hace mucho escribí que no creo en el gafe. No entiendo que por estar yo de guardia exista un fenómeno mágico que haga que los niños que tenían intención de acudir a la guardia no lo hagan. O que si vienen sean cosas de poca monta.
Y pienso que mis "buenas guardias" puede tener que ver con mi modo de enfrentarme a ellas.
Así que aquí va mi decálogo para llevar bien las guardias. O "cómo dejar de ser el gafe"
1. Procura descansar la noche anterior. Si eres "de siete horas", hay que procurar dormirlas. Si eres "de ocho" (si es que todavía quedan de esos) a por ello. Es una perogrullada, pero llegar descansado a una guardia es positivo. Este punto es difícil de cumplir cuando tienes hijos por debajo de 18 meses (ó 4 años...) En ese periodo no hay que desesperarse. El cuerpo humano aguanta mucho más de lo que podemos imaginar.
2. Coge la guardia bien uniformado y comido. Lo que bien empieza: bien acaba. Es un consejo tonto. Pero la suma de consejos tontos hacen la guardia más llevadera.
3. Acude al pase de guardia con un folio en blanco y un bolígrafo. Anota de forma ordenada lo que te cuenten sobre los pacientes. Me gusta especialmente trazar una línea vertical en la derecha de la hoja para dejar un espacio donde anotar aquello que está pendiente.
4. Ten siempre a mano una fuente de consulta. Personalmente siempre me ha gustado el libro verde de la Paz. Últimamente soy más de uptodate. Procuro tenerlo abierto en el ordenador y no quedarme con ninguna duda.
5. En todas las guardias hay que aprender algo nuevo. Recuerdo a mis adjuntos ante el hastío de esas guardias de urgencias diciendo que ya no querían aprender más. Como si lo supieran todo. Y no es que lo sepas todo. Es que con lo que sabes puedes vivir de las rentas. Yo me quedaba perplejo, porque en aquél entonces aprendía sin cesar. Y es cierto que ahora no aprendo al mismo ritmo. Pero mantengo ese deseo de aprender. Y el caso es que siempre aprendo algo. No sé si es porque también voy olvidando, me creo que aprendo, y lo que resulta ser es que recuerdo.
Vaya, me acabo de agobiar. No sé si a estas alturas olvido más que aprendo (el famoso problema del grifo y el desagüe...)
6. Sonríe. No a todos los pacientes, porque a veces uno está muy cansado y tiene que conformarse con dar una atención correcta. Pero de vez en cuando: sonríe.
7. Que no te torturen las banalidades. Un acontecimiento curioso es cuando en una cena de guardia empezamos a criticar las tontunas por las que vienen nuestros pacientes. Ahí nos vamos creciendo. Luego es curioso que tal vez nuestros mismos compañeros piensan eso mismo de nosotros, y tal vez cuando pedimos una ecografía el radiólogo piensa: "anda que éste..."
8. En la línea del consejo anterior. Si viene una auténtica chorrada por la noche da gracias a Dios. Yo por la noche solo quiero que vengan tonterías. No estoy para mucho pensar. Nunca me enfado. Si te parece la mayor chorrada del mundo le vas a poder ver en poco tiempo, y sin estresarte. No añadas estrés a tu guardia con los enfados. Desde hace tiempo considero que la urgencia no es un buen lugar para dar educación sanitaria.
9. Que tu objetivo no sea dormir. Creo que es bueno organizarse en una guardia. Y si estás con otro compañero recomiendo sacar, aunque solo sean veinte minutos, para echar una cabezadita a media tarde. Y partirse la noche para descansar lo que se pueda. Pero cuando tu objetivo es dormir al menos cuatro horas éste se puede volver en su contra, ya que si no lo consigues te vas sulfurando. Pero a la vez hay que procurar fijarse una hora para intentar partir la noche. Aunque reconozco que en esto hay gustos de todo tipo. Yo soy más de intentar partir pronto.
10. Descansa después de la guardia. Esto es importante. Una de las ventajas de hacer guardias es que al día siguiente tienes una libranza. Yo esa mañana la dedico a dormir, pero amanezco un pelín antes para darme algún homenaje. Es un tiempo que dedico a mis aficiones: correr, leer, escuchar algo de música, dibujar, tocar la guitarra... Lo que se tercie.
Aprovecha los comentarios para aumentar el decálogo. Cuéntanos tus experiencias y qué es lo que te funciona. Seguro que es de gran ayuda.

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