jueves, enero 22, 2009

Qué hacer un día de lluvia

Hoy llueve en Madrid. Y esta mañana libraba, o sea, que no tenía que ir a trabajar. Así que ni corto ni perezoso he decidido irme con el pequeño de mis hijos (de veinte meses) al Museo del Prado.
Podréis pensar que no es algo apasionante para un niño (incluso alguno también tendrá claro que ni siquiera lo es para un adulto). Pero es curioso el gusto de los niños por la novedad. De hecho, recuerdo que hace un año fuimos todos al museo, y cuando llegó la hora de marcharse, mi hija que entonces tenía cuatro años se puso a llorar gritando: "¡no me quiero ir!" Os podéis imaginar la cara de estupefacción de los visitantes del museo, y la cara de orgullo de su padre...
Por ser familia numerosa te hacen un buen "descuentillo" a la entrada, así que si todavía es el precio lo que te impide ir al museo ya sabes: ten una familia numerosa.
Siempre he pensado que ver cuadros no es tan fácil como contemplar la naturaleza. A veces se agradece que alguien te explique algo. Y por desgracia no fueron muy aprovechados mis años escolares en este terreno. No sé por qué motivo los profesores de historia y de arte son los más aburridos. Y hoy lo he podido comprobar, ya que de refilón oía a algunos guías que me hacían recordar mis más soporíferas clases con el "Cuadra". Al igual que ocurre con los psiquiatras no sé qué es antes, si el huevo o la gallina. Por mi experiencia los psiquiatras son, en general, gente poco equilibrada. Y es que la contratransferencia (si no recuerdo mal: la influencia del paciente sobre el médico) tiene un papel determinante. Supongo que no es fácil escuchar todo el día "cosas raras" y al final del día no acabar teniendo un poco de duda acerca de lo "raro" y lo "normal. Pero también puede ocurrir que para dedicarse a las arduas artes de curar las mentes desequilibradas haga falta estar no muy cuerdo.
Y tal vez lo mismo ocurre con los que se dedican al arte: están todo el día leyendo, estudiando, reflexionando, averiguando... Y les falta un poco de vidilla y cerveza.
Si estás interesado en hacer alguna visita al museo sigue leyendo, y si no para ya, que lo que viene es un tostón.
Yo, como buen turista que se precie, antes de iniciar mi visita he acudido a la página del Museo del Prado, donde recomendaban tres posibles visitas en función del tiempo disponible. Yo (en parte condicionado por los parquímetros de la "zona verde") he elegido la visita de una hora. Se te muestran entonces quince obras, y en cada una de ellas puedes acceder a una "audioguía". Así que me he descargado en mi PDA las 15 audioguías, me he impreso el recorrido y me he puesto manos a la obra.
Salvo por la elección del que ha numerado los cuadros del 1 al 15, donde tras acabar el "circuito" he descubierto que lo que pretende es que hagas unos cuantos kilómetros por el museo (ya que no tiene mucho sentido que el cuadro "1" esté a lado del cuadro "10", la visita ha sido una gozada.
De todos los cuadros me ha llamado la atención el de El Cardenal, de Rafael. Hay que verlo en vivo y en directo para saber a qué me refiero. Es imposible situarse delante del cuadro, mirarlo, y no hacer un gesto sacando pecho y estirando la cabeza como de "y tú, ¡qué!"
Aquí os dejo una imagen (supongo que no tiene derechos de autor...) aunque no tiene nada que ver con la imagen real, cara a cara.

3 comentarios:

Guillermo dijo...

En algún fin de semana que he estado en Madrid, como el tren sale por la tarde, he aprovechado la mañana del domingo para visitar el Museo. Y siempre me pasa lo mismo, se me pasa el tiempo en las salas del renacimiento italiano y de los primitivos flamencos. Me quedo pasmado con esos colores brillantes, nítidos; con esos rostros, verdaderos espejos del alma, o esos paisajes oníricos.
Creo que lo único bueno de ir por primera vez a estos sitios siendo adulto es que puede que te impacten más, que aprecies mejor la singularidad de lo que ves. A mí, la “Anunciación” de Fra Angélico o el “Descendimiento de la Cruz” de van der Weyden o las obras del Bosco, entre otras del estilo, me deslumbraron.
Total, que cuando me vengo a dar cuenta tengo que irme corriendo a ver las pinturas famosas. Como propósito de enmienda, la próxima vez ( si la hay) empezaré con Velazquez o Goya.
Saludos.

José Luis Contreras Muñoz dijo...

Aquí con mucho calor.
Ese Museo es para recorrerlo en un mes.

Anónimo dijo...

Se trata de uno de los personajes más poderosos de la corte vaticana que intervenía en todos los asuntos de europa, lo que llevo a Carlos I a tomar y saquear la ciudad santa como si de un enemigo más se tratase. Cabe destacar cómo resalta el rojo gracias al fondo neutro, y el rojo a su vez resalta ese rostro de dureza y lejanía hacia el espectador.

Uno de tus hermanos

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