viernes, marzo 02, 2007

Desorientado

El otro día estuve de guardia. A las dos de la madrugada me fui a acostar, porque por si alguien no lo sabe hay médicos que sí que duermen en las guardias. Bueno, en realidad casi todos los médicos duermen algo en las guardias. Yo diría que hay dos grupos: los médicos de privadas y residentes (que muy probablemente duermen más bien poquito y a veces nada) y los médicos adjuntos de la sanidad pública (entre los que me encuentro) que suelen dormir más, y en general bastante más (siempre y cuando tengan residentes, claro).
Pues bien, el otro día me las prometía felices, estaba con una residente de segundo año (lo que comúnmente se denomina una R2) muy espabilada. Así que cuando la urgencia se quedó tranquila me fui a la piltra. Estaba tan confiado en que esa noche dormiría del tirón, que antes de dormirme, para relajarme, me puse una cancioncita de Tommy Emmanuel (un guitarrista que he descubierto hace poco y que me tiene impactado), me puse el despertador, y felices sueños...
En mis felices sueños, no sé por qué diantres, estaba de guardia en un hospital privado, y era mi primer día. Y andaba como un pardillo de aquí para allá.
Y estando yo profundamente sumergido en este sueño, a las cuatro y media suena el busca. Según supe después, tardé un rato en responder. Os podéis imaginar: yo, dentro del sueño, de guardia en un hospital nuevo, y un busca suena en la vida real. Comprenderéis que en estos casos lo que separa la realidad de la ensoñación es apenas perceptible.
¿Sí? Pregunto. Oye, que va a nacer un veintiocho semanas (así llamamos, para abreviar, a los recién nacidos prematuros de veintiocho semanas de gestación).
Son esas situaciones en las que la adrenalina se dispara. Bastante era que tenía que ir a la cesárea de un gran prematuro, pero lo más duro era que jugaba fuera de casa, no conocía dónde estaban los quirófanos, hacia dónde tenía que ir... Así que le pregunto a la residente: ¿pero dónde es? Y me dice: pues en el quirófano. Ya, digo yo, pero ¿cómo se va? Y no os lo vais a creer pero me lo empezó a explicar (por supuesto he ido a ese quirófano más de cincuenta veces). Hasta que ya le pregunto: pero, ¿en qué hospital estamos? Acabásemos, no os lo vais a creer, pero la residente no pudo más: venga, Gonzalo, estás de coña ¿no? Pero yo insistí: ¿en qué hospital estamos? Así que ella no tuvo más remedio que contestar. En ese preciso instante desperté. Sí, ya sé que estaba despierto, pero fue entonces cuando realmente desperté. No os podéis imaginar el alivio que sentí, y lo cómico de la situación de la que pasados los acontecimientos nos estuvimos riendo un buen rato.
Lo demás no sé si merece la pena contarlo. Son momentos emocionantes, y algo estresantes. Esperamos de pie en la cuna térmica, comprobando que todo el material esté dispuesto. Por fin nos sacan al bebé (una niña). Envuelto en un paño verde la matrona nos trae un recién nacido de 750 gramos (más pequeño de lo que esperábamos). Es una criatura pequeña, frágil, tierna, con las manos y piernas todavía encogidos, en posición fetal (nunca mejor dicho), con color azulado y sin ningún signo externo de vitalidad. Tras estimularla brevemente vemos que el recién nacido no responde, la frecuencia cardiaca cada vez es más lenta: iniciamos la reanimación. Poco a poco comprobamos que los latidos cardiacos van aumentando, mejora el color, aumenta la saturación de oxígeno... Respiramos (también nosotros). La reanimación fue todo un éxito. Gracias a una residente de segundo año, si las cosas no se tuercen, a esta niña le espera una larga y esperemos que feliz vida por delante. Y los padres estarán siempre muy agradecidos, aunque tal vez nunca sepan que fue esta residente quien salvó la vida de su hija.

6 comentarios:

José Luis Contreras Muñoz dijo...

Salvar una vida es lo más motivante de nuestro quehacer.

Anónimo dijo...

Me encantaría tenerte de adjunto en mi futura residencia, quizás de pediatria. Por que te decidiste por esta especialidad? tengo que elegir este abril y estoy hecha un lío!

Gonzalo dijo...

Hola anónimo. Te recomiendo que leas el blog las mil y una noches...de pediatría, aunque seguro que ya lo lees. Ahí Chio da buenos consejos en cuanto a la elección de la especialidad.
Como me preguntas porqué me decidí por esta especialidad te diré que lo tenía muy claro, creo que desde quinto de carrera.
Me gustan mucho los niños, y me parecía que la pediatría abarca varias especialidades.
Una vez que empecé Pediatría me enamoré de la Neonatología, que es la especialidad con la que me hierve la sangre, y a la que no me dedico por completo porque no uno siempre está donde más le gustaría estar.
Creo que todas las especialidades son bonitas. Yo reconozco que hecho de menos algo más de intervención.
Y luego no creo que elegir una especialidad concreta tenga tanta importancia.
Sabrás que hay asignaturas durante la carrera que antes de empezar te parecían un poco rollo, a priori, y debido a un buen profesor tu concepto de asignatura cambió por completo.
Pues aquí sucede igual: tengo amigos que hicieron la especialidad de su vida y no me parece que estén muy contentos y otros que eligieron otra especialidad porque no les quedaba otra y luego están muy contentos.
Pero eso es la vida misma.
Te deseo mucha suerte. Recuerdo los minutos antes de elegir casi más angustisos que el propio MIR, y es que yo tenía muy claro que quería Pediatría, y ya me había propuesto repetirlo al menos hasta 3 veces si no lo conseguía (eso sí, si fallaba a la tercera no pensaba seguir intentándolo hasta envejecer y me conformaría con lo que hubiera).
Pero gracias a Dios tengo la suerte de estar haciendo la especialidad que me gustaba. Un saludo, y tal vez nos veamos...

JULIET dijo...

La verdad es que es una profesión preciosa. Os admiro tantísimo!

Una pregunta un poco de garrulilla que siempre le he querido hacer a un médico: ¿cuando ponen House o Anatomía de Grey... entendéis de lo que hablan? Si es así, olé.

Yo... a lo sumo Fiscal Chase o Ally McBeal, pero no es comparable el derecho de EEUU con el de aquí.

Escoger especialidad! Yo no sé si me he equivocado con mi especialidad en derecho. En fin, supongo que estas cosas se acaban sabiendo con el tiempo.

Roi Piñeiro dijo...

Enhorabuena por salvar a la chiquitina (y por la historia acompañante). Lo más pequeño que yo he visto reanimar fue un pequeñín de 380 gramos (CIUR). Hasta dónde llegaremos me pregunto muchas veces (como dicen algunos de mis adjuntos un día intubaremos un polvo)

En cuanto a la residencia coincido con Gonzalo. No creo que exista la especialidad única para una persona, piensatelo dos veces (anónimo) antes de renunciar a tu plaza si se acaba lo que más querías.

Para Juliet, sí que se entiende lo que dicen, pero con House, por ejemplo, son las historias más rebuscadas que te puedes imaginar, muchas de ellas inverosímiles.

Raquel dijo...

Supongo que eso es lo más gratificante de un trabajo no siempre reconocido.

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